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22 junio 2006


EL LOBO IBÉRICO

El lobo ibérico (Canis lupus signatus) pertenece al orden Carnívoro y a la famita Canidae.
No existe otra especie humana que haya estimulado de tal forma la imaginación humana, ni que haya generado tan vasta cultura de mitos, cuentos y leyendas. Ningún otro animal ha provocado tanto terror, odio y a la vez admiración, y a ningún otro se le han atribuido tan fantásticas cualidades como al lobo.
Es precisamente esta carga mitológica con la que le hemos rodeado, la causa de que a pesar de ser una especie estudiada intensamente, y de que los resultados de estas investigaciones se encuentren a disposición del público en numerosas publicaciones, siga primando entre nosotros la superstición ante a ciencia, la pasión ante la razón.

Dentro de la familia Canidae se reconocen en la actualidad 35 especies englobadas en 10 géneros, de ellas, amén del perro doméstico (Canis familiaris), dos de sus miembros, en este caso salvajes, están presentes en nuestro país: el lobo (canis lupus) y el zorro (vulpes vulpes).
El lobo ocupaba originalmente hábitats muy dispares en una vasta área de distribución del hemisferio norte (por encima del paralelo 20) incluyendo por entero el continente Norteamericano, Eurasia y Japón. Debido a ello y a su alta capacidad de adaptación, la especie muestra grandes variaciones en el tamaño, peso y color del pelaje. La totalidad de los expertos españoles y portugueses reconocen al lobo ibérico como subespecie perfectamente diferenciada del resto. El lobo ibérico es la única subespecie existente en la Península Ibérica, aunque Cabrera describió en 1907 otra relegada a la región murciana, a la que denominó Canis lupus ditarnus, más pequeño, ligero y rojizo. El hecho de que su determinación fuese realizada a pesar de un reducido número de ejemplares, mantenidos en cautividad y de que en esa época aún existiera en la misma zona el Canis lupus signatus, ha provocado que la mayoría de los científicos no acepten que pudo existir una subespecie levantina.
El lobo es un carnívoro de gran porte (el mayor presente en Europa tras el oso pardo), y es el cánido salvaje de mayor tamaño existente en la actualidad.

Su cabeza es relativamente grande, alargada, con un gran desarrollo de los maseteros (cada uno de los dos músculos masticatorios que sirven para elevar la mandíbula inferior en los vertebrados superiores) y el hocico igualmente largo. Sus orejas, rígidas, son relativamente pequeñas, los ojos frontalizados y de color ambarino muestran una inserción oblicua respecto al hocico (aspecto achinado). De su cráneo llama especialmente la atención el gran desarrollo de la cresta sagital (frente en forma de saeta). La dentición de los cachorros está compuesta por 28 piezas, la definitiva (que aparece hacia los seis meses) consta de 42 piezas: Incisivos 3/3; Caninos 1/1; Premolares 4/4; Molares 2/3, con la muela carnicera (M 1) particularmente poderosa.

Su aspecto general recuerda a ciertas razas de perros domésticos (pastor alemán), pero de cuerpo más estilizado, el pecho más estrecho y hondo, los miembros más comprimidos y las almohadillas plantares más desarrolladas. El vientre es voluminoso debido a un gran desarrollo del estómago desarrollo necesario para ingerir grandes cantidades de carne. La región anterior del cuerpo está bien desarrollada y la lumbar, fuerte, redondeada y ligeramente encorvada. Los miembros anteriores son ligeramente mayores que los posteriores. La cola poblada, algo más oscura que el resto y cuando cuelga llega a los corvejones (articulación situada entre la parte inferior de la pierna y la superior de la caña, de las extremidades posteriores, en los cuadrúpedos). Nuestros lobos adultos pesan entre 35 kilos para los machos adultos y 30 kilos para las hembras.

En España el lobo ha sufrido una importante regresión en los dos últimos siglos. A mediados del siglo XIX parecía ser un animal relativamente abundante en la práctica totalidad del territorio peninsular. El profesor Valverde (1973) estimó, en base a los datos aportados por Madoz en su Diccionario geográfico –estadístico /histórico- de España, que a mediados del siglo XIX el lobo únicamente faltaba en la línea costera de Cataluña. Los datos de la época indican que la retracción del área fue un proceso lento que se agudizó en la última década del siglo XIX y en las dos primeras del siglo XX (un proceso común experimentado por toda la gran fauna española). La generalización en el uso de las armas de fuego y sobre todo el veneno (los lobos desaparecieron en 1910 de Sierra Nevada tras una intensa campaña de envenenamiento), provocó que en los años setenta mostrara una situación bastante crítica. Actualmente existen en España más de 1.000 ejemplares distribuidos por la cornisa cantábrica, Castilla y León y en Sierra Morena.

Actualmente el lobo tiene su hábitat en las zonas serranas o preserranas donde las extensiones de matorral y arbolado son importantes, áreas que están experimentando un importante despoblamiento y envejecimiento de la población humana, donde se mantienen usos agrícolas y ganaderos tradicionales, y en donde existe cierta abundancia de ungulados salvajes (ciervo, corzo y jabalí). No obstante, también es posible encontrarlo en zonas con densidades de humanos relativamente altas (Galicia) y en zonas eminentemente cerealistas con manchas desiguales de arbolado (Meseta Castellana). Recuperado notablemente en la mitad norte de la Península Ibérica donde mantiene una extensa y continuada área de distribución, y además con tendencias claramente expansionistas, mientras las poblaciones del sur, reducidas y aisladas, presentan un futuro incierto.

En la Península Ibérica normalmente sólo se reproduce la pareja alpha (la formada por los individuos dominantes de cada sexo), por lo que se registra una camada por grupo.
En España se dan diferencias en la fecha del parto en función de la latitud; así en Sierra Morena los partos pueden ocurrir casi un mes antes que en la Cordillera Cantábrica
Las hembras pueden reproducirse antes de cumplir el año, pero lo común es que lo hagan hasta los dos años de edad, aunque la plena madurez sexual no se alcanza hasta los cinco años.

El tamaño medio de la camada en España es entre 5 y 6 cachorros. Evidentemente el número de crías por parto depende de la edad de la loba y de su estado fisiológico; alumbran más cachorros las hembras adultas y las bien alimentadas.

En España las causas fundamentales de mortandad son directa indirectamente generadas por el hombre y dos parecen ser los períodos más críticos para los lobos: durante su primer año de vida y entre los tres y cinco años de edad.
De acuerdo con los resultados obtenidos por Valverde e Hidalgo (1979) mediante el estudio realizado sobre 104 lobos muertos en España, un 26% tenían menos de un año; un 10% entre uno y dos años; y un 32% entre tres cinco años ( es decir, cada 100 lobos que nacen sólo 14,5 alcanzan los cinco años.
Entre los cachorros se da una tasa de mortandad relativamente alta, al parecer relacionada con la disponibilidad de alimento. Una vez superado el primer invierno, la tasa de supervivencia aumenta sensiblemente. Son individuos subadultos, no han alcanzado la madurez sexual y permanecen en el grupo en el que nacieron. La experiencia adquirida, el conocimiento del territorio de campeo y el amparo de la manada, deben ser las causas de la menor mortandad.

Se desconoce qué mortandad natural experimentan los lobos en nuestro país, pero al parecer ésta es muy inferior a la provocada por el hombre. Según Barrientos (2000), sólo el 3,53% de los lobos muertos en la provincia de Valladolid desde 1975, pereció por causas naturales, sin embargo, según este mismo autor el 68% de los lobos muertos en Tierra de Campos entre 1985 y 1996, fueron abatidos furtivamente.

En 1967, el naturalista y pionero en la divulgación Félix Rodríguez de la Fuente escribía: "Después de convivir dos años con lobos y estudiar detenidamente su comportamiento y lenguaje, pude ya sopesar `las razones del lobo' y las razones de mis semejantes. Hasta ahora, los hombres me habían contado una sarta de falsedades. En cambio, cuanto los lobos me han dicho es una verdad inconmovible. El lobo 'cruel' es un protector incondicional de los débiles y las hembras de su especie; el lobo 'traicionero' es capaz de morir por fidelidad; el lobo 'asesino' es un cazador que mata para comer pero detesta la violencia». ¿Por qué, entonces, ese odio al lobo?